domingo, febrero 01, 2026

Con estas rocas trasfiero un mito. Aka Niviâna, poeta Inuk de Groenlandia. Revista Off The Record, febrero 2026


Aka Niviâna escribe poesía chamánica.  Teje un susurro con el espíritu del agua, las ballenas, los osos polares; fueron creados con tierra y agua. Su voz poética es una alerta sobre el cambio climático, el entendimiento con la vida y sus leyes de transformación. También sobre el colonialismo, los derechos de un pequeño pueblo de pescadores y sus almas pacíficas que habitan el frío.

Groenlandia obtuvo el estatus de autogobierno en 1979. Se convirtió en autónoma en 2009, después de casi trescientos años de dominio colonial danés. Aunque Groenlandia es cincuenta veces más grande que Dinamarca y uno se demora 4 horas y media en avión desde Copenhague a Nuuk.

Groenlandia fue periférica de los principales centros políticos y culturales del mundo. Hoy, sin embargo, durante el veloz año 2026, esta vasta isla y sus 56 mil habitantes está en el ojo de una tormenta dual.

UNO, el infierno. El planeta arde. Groenlandia está afectada, como el planeta, por el cambio climático y el calentamiento global. El año 2025 fue el año más cálido jamás registrado en el mundo según el observatorio europeo Copernicus. Así como en Chile se queman bosques, hay un fuego que licúa rápidamente la nieve, el alma de Groenlandia. 

DOS, la ambición. Groenlandia es hoy el botín de un conflicto sordo por sus recursos naturales y el dominio de su vientre mineral.

Trump sostuvo que anexará a Groenlandia.

—Quiero Groenlandia: su ejército son unos trineos tirados por perros, dijo Trump con su traje neoimperialista.

Parece una broma, pero convertirlos en vasallos es un delirio que palpita en el aire gélido.  Ya nada volverá a ser como antes. Ante la  vasallización, en las calles de Nuuk el pueblo inuit rompió el silencio con su verdad: "Groenlandia es de los groenlandeses".

Hay estrés en el ambiente. El vértigo de una civilización que se desploma, una colosal caída histórica y cambio de ideas. Hay un temor de que su cultura sea exterminada, un presagio de dolor que nubla el horizonte. Aunque en la grieta de la incertidumbre, algunos atisban la luz de alguna oportunidad de desarrollo propio.

La voz de Aka Niviâna es un llamado, un despertar del hielo que se niega a desaparecer.

—Es hora de levantarse, dice Aka Niviâna en el poema "Rise".

 

Con estas rocas transfiero el eco de un antiguo mito,

que ha rodado por siglos.

Invoco a Sassuma Arnaa, la que habita el abismo,

Madre del Mar, custodia del mundo su pulso original.

Descifra el hambre oscura, la codicia

que nos roe el pecho como una herida.

Cada ballena que surca el frío, cada lágrima de río,

cada iceberg es de su propia sangre un latido.

Pero la Madre ante el agravio nos devuelve

el espejo de nuestra obra: furia y de justicia.

¿Merecemos el llanto, el derretimiento del glaciar?

¿Es el oso polar muerto de hambre en nuestras orillas?

Los icebergs colosales ahora golpean estas aguas con furia.

Dime, ¿merecemos a la Madre que viene a reclamar,

nuestra vida, nuestra morada?

 

Mi versión en español 


 

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