viernes, febrero 27, 2026

Oh Sole Mío

 

Héctor Gallardo Mackenzie


La primera vez que visité las ruinas de Pompeya debe haber sido a mitad de los años 80. Lo hice con el que fue mi suegro, Héctor Gallardo Mackenzie, un hombre muy alegre y agradable. 
Cuando salimos veníamos sorprendidos por la historia tremenda del Etna y ese pueblo que fue devastado el siglo I.

Entramos a un restaurante y pedimos unas sabrosas pastas italianas con mariscos, specialitates de Fruit de Mer. 

Un plato exquisito.

Alguien tocaba en el piano Oh Sole Mío. 

Qué cosa bonita. Qué grato ambiente. 

De pronto, una delgada y joven japonesa que estaba comiendo al fondo del restaurant, se levanta y empezó a cantar

Che bella cosa, na jurnata'e'sole

N'aria serena doppo na tempesta

Su voz espléndida  llenó la sala.

Mi suegro se emociona mucho. 

Y de pronto ella la japonesa llega  a la parte que dice:

Ma n'atu sole cchiu' bello, oi ne''O sole mio sta nfronte a te'O sole o sole mio

A mi suegro de pronto se le caen unas lágrimas de emoción al plato de pasta.

También me emocioné yo.  

También lloro.

Qué día de emociones...

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