Crítico y Profesor universitario de Perú.
Omar Pérez Santiago (Santiago de Chile, 1953) acaba de
publicar Nefilim en Alhué y otros relatos sobre la muerte, un libro brutal y
contundente de cuentos sobre la presencia de la muerte. Se trata del horror
metafísico a la muerte, de la muerte real, la muerte simbólica, pero también de
las muertes provocadas por sistemas políticos autoritarios
. Este último elemento resulta poderoso sobre todo en el cuento que da título
al libro ya que se narra bajo formas fantásticas. En todos los relatos el eros
está presente, es decir, amor y muerte están unidos. Muchos de los personajes
pertenecen a la tribu gótica o metal, es por ello que las atmósferas son
también oscuras, pero también sirve para graficar a una generación de ruptura
con los valores positivos de la sociedad conservadora y autoritaria: en una
sociedad en donde imperó la muerte, ésta termina por contaminar y convertirse
en “parte de”: el horror está de moda (como en un film de Kurosawa) porque la
sociedad, las autoridades políticas terminan por actualizarla.
En el prólogo se dice que “A veces la muerte es ausencia de justicia. Un país
cualquiera sin justicia, es un país dominado por la muerte…” (7). Esta idea es
clave ya que el libro está envuelto por lo negro, oscuro y funesto (si cabe el
término). De otro lado, queda en claro la línea política que sigue el libro.
De los nueve relatos que integran el libro, tres se adentran en lo fantástico y
los seis restantes, bajo códigos realistas. En “Los interfectos del Valle de
Elqui”, se narra la ausencia de la mujer amada que provoca un vacío en el
narrador: el recuerdo es más terrible, más aún cuando él la ve en escenas
eróticas por medio del mundo virtual, como un acto de venganza. “Animita de
facebook”, una muerte accidental provoca reacciones disímiles en el grupo de
amigos de la víctima. En el velorio uno de los amigos señala: “Tu muerte no
quedará impune […] Yo personalmente no descansaré hasta saber la verdad. Así
como luchamos para que no quedaran impunes los crímenes de la dictadura” (29).
“Muñeca rota” vuelve con el tema de los desaparecidos en fosas comunes. Años
después una hija recupera los restos óseos de su padre (o lo que queda de él)
en una bandeja de metal. La ausencia del padre genera no solo un vacío afectivo
sino también un trauma en la protagonista pues no puede rehacer su vida
amorosa. En “Ya no abusarás de mí” un parricidio se convierte en objeto de
reflexión sobre la condición humana. “Old Singer” expresa cómo el individuo
termina claudicando en sus ideas, valores, “Vanguardia Veteranos del 70” narra
los viejos sueños de viejos poetas en el fracaso absoluto. Llegamos así a los
tres textos fantásticos.
“Anette Jensen” narra la conversión de una joven intelectual en una diosa de
las misas negras, por la cual, Anette se cobra venganza, sobre todo, de la
traición amorosa, además del desplazamiento simbólico como intelectual frente a
su antiguo novio Stefan. Si bien hay otros elementos que enriquecen el cuento
(el ambiente “estructuralista” del mundo universitario, el poder de los medios
de comunicación), la mujer es representada como ser maldito, vengativo,
integrada al tópico de la mujer monstruo. “Ten más modestia, muerte”, sigue la
línea anterior: nuevamente se narra un rito que busca victimar al antiguo
amante, como forma de cobrarse venganza. Todo indica –al igual que el texto
anterior– que hay una secuencia lógica de causalidad (no comprobada), pero a
diferencia del texto anterior, acá llega la muerte, pero termina llevándose a
otra persona.
Finalmente, “Nefilim en Alhué”, es una pequeña obra maestra. Bajo formas
fantásticas, el autor se vale para narrar una alegoría de los sistemas
dictatoriales autoritarios en Chile [y Latinoamérica]. No se trata solo de una
historia de zombies, aquelarres, rituales satánicos, torturas, crímenes y
violencia [como un film de serie B], sino sobre todo de la ambición del poder
humano que termina por transgredir los valores sociales, morales, de la
sociedad. El nivel alegórico es más que impresionante. No os cuento la línea
argumental, pero si señalo mi fervor incondicional por un tipo de literatura
fantástica que no solo entretenga [lo cual es más que una virtud] sino, además,
sirva para reflexionar sobre nuestra realidad [sospecho que un texto como éste
está fuertemente anclado más acá que allá].
La muerte –como en el prólogo– no es solo ausencia de justicia, sino también
ausencia de memoria (social, histórica). Libros como Nefilim en Alhué y otros
relatos sobre la muerte, inducen al lector, no al olvido, a la mera “evasión”,
sino a la memoria. He ahí su principal virtud.
* * *
Elton Honores: Investigador, crítico literario y
profesor universitario. Egresado de la Maestría en Literatura por la
Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Su principal campo de investigación
es la literatura fantástica. Publica y participa como ponente en diversos
medios y eventos académicos nacionales e internacionales. Ha publicado: Mundos
imposibles. Lo fantástico en la narrativa peruana (Lima: Cuerpo de la Metáfora
Editores, 2010. 255 pp.). Es coantologador de Los que moran en las sombras.
Asedios al vampiro en la narrativa peruana (Lima: El lamparero alucinado, 2010.
276 pp.) y Coordinador de Lo fantástico en Hispanoamérica (Lima: Cuerpo de la
Metáfora, 2011. 291 pp.).
"No
conoceré el miedo. El miedo mata la mente. El miedo es el pequeño mal que
conduce a la destrucción total. Afrontaré mi miedo. Permitiré que pase sobre mí
y a través de mí. Y cuando haya pasado, giraré mi ojo interior para escrutar su
camino. Allí por donde mi miedo haya pasado ya no quedará nada, sólo estaré
yo." –
"Letanía
Bene Gesserit contra el Miedo"
Dune 1965 Frank Herbert
La escritura, generalmente retratada como esencia vital, como esencia fundamental de la cultura, pero también como enfermedad y, finalmente de la enfermedad a la muerte, tal como lo afirma Bolaño en enfermedad + literatura = enfermedad. Sin ir más lejos recuerdo que caí al psicólogo por haber escrito un diario de vida, en realidad, por la lectura de mi madre hacia singulares pero cotidianas experiencias, mis miedos (mis escritos) se transformaron repentinamente en enfermedad, lo que en un principio fue un bloqueo, una tranca frente al papel, pero que, favorablemente, en un futuro se tradujo en poesía, el terror hoy está en todos lados, gracias al uso del internet, lo encontramos en notas de Facebook o entradas de blog, como un grito de ayuda al ciberespacio y sus lectores incógnitos. Hoy en día las amenazas de muerte son grabadas en celular, el miedo se presenta, por ejemplo, bajo una mesa en un jardín de párvulos de Tijuana o en La Legua, mientras la profesora canta una canción del dinosaurio rosado Barney y las balas de narcos y policías silban por las ventanas. El miedo es descrito rápidamente como estado de ánimo, transformados en twitteos, Incluso el más antiguo, el miedo a tener los dientes tan amarillos como la misma muerte, o sea, a envejecer y en resumen morir, proceso detenido en una foto de unos 20 años atrás -siempre jóvenes en un mundo virtual-.
El terror,
la primera palabra que leemos en el título del libro es la esencia suprema del
miedo, el terror a un monstruo innombrable, como salido de un cuento del
escritor norteamericano Lovecraft, que, sorpresivamente, en un giro, es la
propia raza humana o el futuro decadente de ésta. Miedos terrenales y miedo a
lo desconocido, de ambos podemos leer en el libro de Omar Pérez Santiago, miedo a
la naturaleza, el miedo a los seres extraterrestres, pero también a terrestres
que habitan nuestros pueblos (todos miedos a lo desconocido, al menos yo no sé
cómo piensa un director de Monsanto o cuando vendrá el próximo terremoto),
monstruos cercanos que envenenan nuestras periferias, colocan barreras y
apresan el cuerpo en cárceles, la mente en escuelas y universidades, tal como
en la novela “Ayer” de Juan Emar, el miedo conservador a lo nuevo, a lo
diferente, el miedo que nos acecha desde el poder cruzando la Alameda y
acercándose a la Moneda , el miedo al cuco, al hombre de arena, al viejo del
saco -que son siempre el mismo-.
En un
cuento del siglo XIX ; “El Hombre de Arena” de Hoffmann; su novia
“Clara” representa la racionalidad, trata de quitarle peso a los miedos
del joven protagonista, es tu imaginación -le dice-, son
tus traumas de niñez, pero qué sucede cuando esos miedos se acercan desde
la propia historia descarnada, desde las calles, desde la familia, esos miedos,
así como en la Alemania del siglo XIX, así como en el pasado y presente
de este país legado de Pinochet, en el cual el autor se presenta como testigo,
finalmente desde los vicios de la propia sociedad, como Aleister el
nigromante, el enemigo “familiar” del cuento que le da nombre al libro y
que presentamos el día de hoy Nefilim en Alhué y
otros relatos sobre la muerte, personaje macabro que actúa -
impunemente - con sus zombis extraterrestres, que, paralelamente, fuera del
libro intentan el día de hoy colocar una cárcel, en el pueblito, destruyendo la
vida (al menos como sus habitantes la conciben) de manera impune, de forma
secreta, ofuscada, pero, tristemente, evidente .
El miedo es
un sentimiento primario, le permite al soldado actuar con rapidez, el miedo se
convierte en un factor eficaz para la supervivencia, nos mantiene alertas, sin
embargo, lo importante es no quedar paralizados en el terror, lo importante es romper
nuestros temores, salir a la calle, hacer dedo en la avenida de la muerte –en
la que un personaje del libro termina- . Omar Pérez nos presenta un catálogo de
cucos, un catálogo de sospechas, que, aunque lleno de invocaciones mitológicas
y evocaciones folclóricas de la cultura popular Latinoamericana, se encuentran
a la vuelta de la esquina, acechándonos, unos cuentos que están llenos de
sangre, drogas, sexo y rock and roll, un libro con banda sonora donde la sangre
salta al ritmo del Agro Metal de Korn, donde una misa negra se lleva a cabo con
un fondo Death Metal, donde pasamos las penas con Only You de los Platters o
donde los poetas fracasados de los ‘70 ceban vino al ritmo de Janis Joplin.
Lo
importante como buenos lectores o detectives -que puede ser lo mismo- y a lo
que se nos invita, aparte del placer de la lectura, es a identificar al
asesino, a la ausencia de justicia como dice el prólogo, a que los
cadáveres no queden apilados en las calles como árboles de Navidad. La
invitación -como dije- puede ser divertirse, pero también estar alertas. La
invitación de leer Nefilim en Alhué es la de ir a la esquina
y descubrir al asesino.
He tenido la suerte de leer casi todo lo que ha
escrito y hace unos pocos años -en el marco de una Feria del Libro de Santiago-
participe en la presentación de su ensayo Escritores de la
Guerra. De modo que ahora, en esta última semana, mientras leía el
volumen de cuentos que bautizamos esta noche he podido cavilar sobre un hecho
esencial: los temas sobre los cuales hemos conversado con Pancho a lo largo de
estas tres décadas, están aquí, las obsesiones, los fantasmas, los demonios que
asedian a un escritor regresan inevitablemente a visitarlo. Es el eterno
retorno a imágenes y situaciones que vivimos pero que ahora, en el lenguaje,
emergen rodeadas de un aura especial, irradiando colores y facetas desconocidas.
Reaparecen con mayor fuerza, con toda su pasión a decir: No quieran ignorarnos,
porque todo ésta vivo.
El volumen de cuentos, que aparece bajo el
sello de Mago editores, lleva por título Nefilim en Alhué, y ya desde la
primera página Omar Pérez Santiago deja constancia de la intensidad y la
eficacia de su prosa. En un lenguaje vital, conciso y directo, con frases
cortas a lo Hemingway y sin quitarle el poto a la jeringa porque el tema así lo
requiere nos ofrece un relato que pinta de modo implacable las condiciones de
vida de seres que quizá puedan parecernos difíciles de identificar, con algo
de aliens, pero que sin embargo reflejan en sus motivaciones, su
lenguaje y sus búsquedas a la mayoría de la gente de este pueblo. Perfectamente
podrían ser nuestros vecinos, amigos o parientes. La angustia existencial, el
descarnado erotismo y la falta de horizonte son una característica de todos
aquellos que no son y nunca serán, winners en el país de hoy.
Si estos cuentos aparecieran bajo la firma de Charles
Bukowski seguramente a nadie llamaría la atención: sería normal. Sin ir tan
lejos pienso en otro escritor chileno -Armando Méndez Carrasco que en su novela
Chicago Chico despliega personajes y situaciones en una ciudad casi
esperpéntica, vidas asediadas y limítrofes. Una novela conocida solo por
“entendidos” que paso casi desapercibida pero sin embargo hoy se re-edita y se
descubre como un verdadero valor de las letras nacionales, porque la remilgada
crítica de la época prefería destacar a un José Donoso o un Jorge Edwards.
Como decía los tiempos han cambiado y hoy nos
encontramos a mitad de camino rumbo a territorios desconocidos y palabras como
neoliberal, globalización, cibernética, chateo, facebook, twittear y realidad
virtual se han vuelto inevitables para mencionar nuestras actividades
cotidianas. El país también ha cambiado y a raíz del Boom económico mucho se
miran al espejo y casi no se reconocen en esta nueva imagen de jaguares
latinoamericanos. Sin embargo allí afuera, en las calles campea la delincuencia,
el abuso, un odio latente que se expresa en las aulas estudiantiles, si hasta
conducir un vehículo resulta mucho más peligroso, el lenguaje citadino también
se ha subvertido, surgen nuevos vocablos, antes se decía gañan, roto, hoy es el
chanta, el flaite. Y Santiago ha perdido ese aire pechoño y provinciano que
tenía y se ha vuelto una urbe cosmopolita, basta con asomarse cualquier día a
la Plaza de Armas para encontrarse con toda laya de extranjeros. Y esto
significa que lo periférico, lo aledaño ha devenido el centro y por ende no nos
debe extrañar que surjan nuevos personajes y se mencionen lugares
inverosímiles, que un estudiante mapuche conozca por el chat a una chica
aymará y muy luego tiren bajo las estrellas en un lugar tan ajeno a la
literatura como Combarbala.
Y para recordarnos como es nuestro pueblo y las cosas
que aquí han sucedido antes de convertirnos en este paraíso plástico viajando
exitosamente rumbo al futuro ahí nos entrega el último relato, el que da título
al libro: Nefilim en Alhue
Y Alhué es un pueblo de demonios, de fantasmas,
de seres que no trepidan en causar daño. En Alhué eso es normal, y por tanto un
tío cualquiera puede deshacerse de su familia, torturar a la sobrina, dejar
cadáveres tirados en las calles, o retirar cadáveres del cementerio. Tiene un
poder inaudito y lo utiliza para dejar claro a los semejantes que en Alhué no
existe otra justicia que aquella que detentan quienes siempre han tenido un
buen pasar. Sería una injusticia hacerle justicia a los que siempre la pasan
mal.
Otra característica de los tiempos que vivimos
es que ha desaparecido el concepto de prójimo. Hoy gana el winner, el más
fuerte, aquel que ésta dispuesto a pasar por encima del débil. Hoy día estamos
dejando ser humanos pa5ra convertirnos en seres de éxito en un Alhué que
dirigido por los nefilim se ha internado en los pantanos de la ignominia.
De todo esto da cuenta el excelente volumen de
cuentos de Omar Pérez Santiago.
La Chascona, Santiago. Chile
Junio 2011
La segunda sorpresa fue la lectura del libro mismo. Y cuando
ustedes hagan la suya, no tengo dudas que también serán sorprendidos como lo
fui yo. En estos relatos, Pérez Santiago se enfrenta sin ningún empacho, desde
el mero comienzo, de la manera más frontal posible, con el quizás más prístino
e incansablemente recidivo sujet de todas las literaturas
habidas y por haber. Me refiero a Thánatos –en este caso más exactamente a su
brazo femenino, a Ker, la vieja señora amante de los finales sangrientos- y por
ende, me estoy refiriendo también a Eros, su alter ego, tan viejo y
tan activo como ella. En la lectura de este libro volvemos a ser testigos del
convulso pas de deux con que ellos nos fascinan y aterran
desde mucho antes que el mundo se nos revelara como redondo.
Pero a diferencia del trato casi siempre estetizante con que
a lo largo de los siglos, innúmeros otros autores se han ocupado de este
incansable par de veteranos, Omar Pérez Santiago, al echar mano de los
servicios poéticos del par, renuncia aquí a cualquier compromiso elíptico en su
mención o en su utilización. La línea narrativa que cruza los diez cuentos de
su libro está trazada con sangre pura, sin aditamentos saborizantes ni
aromatizantes. El autor nos muestra la perenne laboriosidad de las Keres en vivo
y en directo, sin los filtros de algún piadoso y pudoroso tropo literario, sin
luces indirectas ni bronces con sordina. Nada de eso. Lo que nos hace ver
no son las imágenes diferidas de escenas y escenografías de las teatralidades
de una Catrala folklórica, lejana y en tercera persona, sino las de la vieja y
siempre joven dueña de la guadaña violenta, en cuerpo desnudo y presente, al
alcance de nuestra mano y nosotros de la suya.
|
Junto a
ella, decíamos, también Eros cumple con lo que le es menester, pero en las
páginas de Pérez Santiago en ningún momento, ni por asomo, él se nos aparece
en sus rubicundas formas infantiles de querubín arquero renacentista
flechando a una Psique etérea y enamorada con saetas enmieladas, sino en la
imagen directa de una bragueta abierta, con todas sus frustraciones a la
vista, en bruta cacería mayor, en búsqueda de un improbable desahogo a través
de la libación de flores angustiadas que, en todos los casos, resultarán ser
venenosas y carnívoras. |
Omar Pérez Santiago en sus relatos obliga a la muerte y al
sexo a ofrecernos una danza macabra, sin ningún propósito evangelizador de
belleza, ni mucho menos con la intención de provocar agrado. Es un baile en el
centro del séptimo círculo, bajo haces de luz negra. Es la banda sonora de una
película porno. Es la estridencia sorda de ventosidades ginecológicas con
chorreos proctológicos que explotan en primer plano. Es el frenesí orgásmico de
eyaculaciones de esperma, sangre, moco y baba que apuntan a nuestro rostro.
Pérez Santiago ha hilvanado estos relatos con la plena potestad y toda la
sórdida relojería de un hechor minucioso. Sus cuentos ocurren al interior de un
lenguaje no pocas veces de dura y difícil digestión. Ello están estructurados
como escenas de un treatment cinematográfico, y así también es
como se leen: como un preguión de George Romero o John Carpenter, con generosos
aportes lúbricos de Marco Ferreri.
Los nefilim de Omar Pérez Santiago no son
maléficos gigantes celestiales, sino los reflejos de nosotros mismos mirándonos
desde los espejos deformantes de esta feria de compra y venta de almas y
vanidades en que ha devenido esta modernidad nuestra. Pérez Santiago cumple con
estos designios suyos de llamado de atención sobre la parte oscurita de este
muy burgués orden de cosas, sin dar pausas de aliento al lector. Desde “Los
interfectos del Valle del Elqui”, el primer cuento de esta selección, hasta
“Nefilim en Alhué”, el último, el tempo de lectura es un crescendo
molto que culmina literalmente con un terremoto grado 8,9 en la escala
Richter. Después, el silencio espectral que sucede a los aquelarres.
Esta, su voluntad de obligarnos a mirarnos en nuestras
insanas oquedades de zombis con RUT, tarjeta Bip y derecho a voto, queda
manifiesta desde los mismos epígrafes que Pérez Santiago ha seleccionado y
montado con singular acierto al comienzo de cada narración, como anzuelos de un
espinel que captura nuestro interés y no lo suelta desde el inicio hasta el
final. Igualmente no puede dejar de mencionarse, como un especial valor
agregado al libro que hoy presentamos, el título que Omar Pérez Santiago escogió
para él. Porque “Alhué” no es solamente la arena de Walpurgis donde, bajo la
dirección de Osiris Bascuñán, tiene lugar la gran parada final de los muertos
que marchan por docenas en sus páginas. Es además una más que justa reverencia
al “Alhué” primigenio del maestro González Vera y una sugerente invitación a
releerlo.
Creo que la mejor presentación de un libro es la que realiza
él mismo ante su lector, sin la torpeza interpretativa de intermediarios que,
como el que habla, con seguridad sólo ha logrado percibir una pequeña parte de
lo que él ofrece. Y en este caso de los nefilim de Omar Pérez
Santiago, me atrevo a asegurar, que tal oferta no es menor.
La Chascona, Santiago, 8 junio del 2011
Por Alejandro Lavquén
Nefilim en Alhué (MAGO Editores). De Omar Pérez Santiago. Se trata de un conjunto de cuentos de buena factura e imaginación, cuya temática –la muerte- es tratada con sentimientos que van desde el dolor hasta la grosería, pasando por el miedo y el desprecio, según fuese la circunstancia. Entre tanto desgarro, Pérez Santiago incluso se da tiempo para filosofar sobre la literatura y la vida, como ocurre en el cuento Anette Jensen. El autor nos pone ante sucesos muy contemporáneos dentro del modo de vida de sus personajes. Las historias nos hablan de la sociedad actual y sus trastornos, donde los protagonistas, a pesar de la oscuridad de algunos de ellos, son reconocibles en nuestra cotidianidad, reconocibles en nuestro vecindario, en los anhelos, logros y frustraciones de muchos. En los relatos también está presente el humor, incluso en momentos trágicos, o cuando el autor se burla de sus pares. El cuento que da el título al libro es un relato de terror, de zombis, de asesinos, donde el fantasma de la dictadura, en su dimensión más macabra, personificada en la tortura, se hace presente.
| Pablo Lacroix, performance |
Cementerio de Alhué. Foto Claudia Pérez G.
| Cortometraje de terror. de Miriam Jaque. El Diablo en Alhué |
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