El canon literario nacional se sustenta en un gran invento. Fabricaron la idea de que la literatura chilena se fundó por Alonso de Ercilla con La Araucana. Inclusive a Ercilla lo llamaron Inventor de Chile.
Ercilla escribió buena parte del poema en territorio chileno, durante las campañas de Arauco. Es una obra hispánica/renacentista sobre la conquista y la guerra de Arauco.
Pero Alonso de Ercilla no era chileno. Era español, nacido en Madrid, llegó a Chile como soldado y permaneció aquí diecisiete meses.
La Araucana tampoco no fue publicada en Chile. Las tres partes del poema fueron publicadas en Madrid en 1569, 1578 y 1589.
Trescientos años después, en 1888, Abraham König publicó en Santiago una edición titulada: La Araucana de Don Alonso de Ercilla y Zúñiga — Edición para uso de los chilenos.
Abraham König la modificó. La chilenizó. Eliminó episodios europeos del poema —San Quintín, Lepanto, Dido, Belona, etc.— y redujo los 37 cantos originales a 32.
La sociedad literaria administró y construyó un canon nacional.
Fabricaron y modificaron físicamente el texto para hacerlo encajar en la imagen que querían tener de sí mismos.
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