Por Braulio Arenas, Año: 1982
UNA LECTURA DE JUAN EGAÑA
NO sabemos si en todo momento se puede suscribir el conocido
refrán: “en la variedad está el gusto”, pero no dejamos de sentirnos atraídos,
casi siempre, por aquellos libros de varia lección, como clasificaba, Pero Mexía
el suyo.
En nuestra literatura se han compilado algunos cuantos volúmenes
de diversa materia, a lo largo del tiempo, y dentro de esos cuantos ahora quisiéramos
rememorar algunos.
Tal vez el primero que salta a la vista sea el que lleva por
título Cartas Pehuenches, redactado enteramente por Juan Egaña, en 1819, el
que por haber sido publicado mediante entregas semanales no ha podido salir
hasta hoy de la clasificación incorrecta de periódico.
No menos interesante, tanto por su amena literatura como por
su valor enciclopédico, es otro libro miscelánico del mismo Egaña: Ocios Filosóficos
y Políticos en la Quinta de las Delicias, Londres, 1829. No tendríamos espacio aquí
para detenernos en uno y otro de los temas que van componiendo el libro, pero
no podemos dejar de indicar el concerniente a la parapsicología (¡escrito en el
año 1829, repetimos!): Del sentido interior, y de los presentimientos, o
conocimientos del alma sobre los objetos futuros y distantes, en el cual establece
los principios activos de este Sentido Interior, como él lo llama.
Así sabemos que dicho sentido se manifiesta por el sueño
(“en esta situación el hombre dormido y preguntado sagazmente sobre lo que percibe
o presiente, descubre arcanos prodigiosos”); por la enfermedad o alteración
extraordinaria del sistema nervioso; por las últimas horas de vida; por la pérdida
de algún sentido exterior, lo que permite reconcentrar más el sentido interior
(la señorita Every, ciega, podía sin embargo leer con solo posar sus dedos en
las líneas del libro).
Toda esta “segunda vista” de la que se encuentran dotadas
algunas personas, no deja de procurarnos algún asombro. Mas, mayor es nuestro
asombro al comprobar la fe ciega que en esta “segunda vista” depositan hombres
como Juan Egaña, siempre preocupado de la cosa pública desde mucho antes de los
días de la Independencia de Chile, y uno de los redactores de la Primera Carta Constitucional:
“Os voy a manifestar, primero, que en el hombre existe un sentido interior, que
recibe las impresiones de los objetos y sentidos exteriores, y produce las
sensaciones. Segundo: que por medio de este sentido interior puede conocer el
alma los futuros, cuyas causas naturales existen; y también los objetos muy
distantes, que no pueden percibir los sentidos exteriores, o que tienen algún objeto
intermedio que les embaraza su percepción”.
Grandes sorpresas nos deparan siempre la lectura de este
escritor nuestro, tanto por la multiplicidad como por la profundidad de sus
conocimientos.