La milagrosa persistencia de una sensibilidad femenina
La buena noticia —el Premio Planeta 2026 otorgado a Isabel Allende— ofrece una oportunidad operativa sobre el capital simbólico de Chile: valorar nuestra tradición literaria con inteligencias múltiples, expansión de ideas y pensamientos divergentes, para que surjan nuevos genios creativos, motores de innovación y de progreso.
Omar Pérez-Santiago
El Premio Planeta 2026 concedido a Isabel Allende por La
hora antes del alba, continuación de La casa de los espíritus,
vuelve a proyectar internacionalmente una de las grandes narraciones chilenas
sobre la memoria, las mujeres y la convivencia entre los vivos y los muertos.
El Premio Planeta a Isabel Allende genera tres oportunidades.
1. Isabel Allende volverá a ser leída por miles de nuevos lectores
en el mundo.
2. Permitirá revalorar el capital simbólico de la literatura
chilena y
3. Permitirá explorar sus barrocas raíces coloniales, la
larga duración de una estética.
Esta noticia invita a mirar hacia atrás. El develamiento de
una semejanza profunda entre maneras de imaginar la realidad, separadas por
tres siglos. Mucho antes de que los espíritus de Clara del Valle habitaran una
casa familiar, una mujer escribía en el Chile colonial sobre sueños, visiones,
presencias sobrenaturales y conflictos espirituales. Se llamaba Úrsula
Suárez y era una religiosa que forjó en su Relación de las singulares
misericordia una narración singular de la imaginación y la experiencia
femenina de su época colonial.
Los espíritus de Úrsula viven en un convento; los de Isabel
Allende, en una casa. Entre ambos espacios transcurren tres siglos de
transformación cultural y escritura femenina.
¿Hay una arquitectura imaginativa que cruza la historia de
la literatura chilena?
¿Del Dios barroco a los espíritus de la casa?
¿Máquinas narrativas de la memoria, el misterio y la
aparición?
¿Podría existir una relación más profunda entre estas dos
formas de imaginar la realidad?
Del Convento de los Espíritus a La Casa de los Espíritus.
¿No debería ver aquí una sensibilidad estética chilena de
más larga duración?
No creo que la influencia de Úrsula Suárez sobre Isabel
Allende sea directa. Isabel Allende no podía haber leído la obra de sor Úrsula,
pues su manuscrito dormía en un
subterráneo del Archivo Nacional.
Creo, más bien, que puede ser una milagrosa persistencia de una sensibilidad narrativa femenina en la que lo visible y lo invisible, la vida cotidiana y lo extraordinario, que brotan en la misma tierra, nuestra tierra, Chile. Una tierra donde la permanencia de la mentalidad de la Hacienda latifundista, —la persistencia de una estructura heredada de la época colonial— siguen influyendo en las relaciones de poder, más allá de la reforma agraria de los año 60 del siglo XX.
Quizá es un barroco subterráneo de larga duración de la
literatura chilena: de Úrsula Suárez a Isabel Allende, pasando por María Luisa
Bombal, nuestra más preciosa escritora.
Isabel Allende volverá a ser leída por miles de nuevos
lectores en el mundo.
La buena noticia ofrece, entonces, una oportunidad operativa
sobre el Capital Simbólico de Chile: valorar nuestra tradición literaria con
inteligencias múltiples, expansión de ideas y pensamientos divergentes, para
que surjan nuevos genios creativos, motores de innovación y progreso.

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