Un abogado deshonesto, en un ambiente de intermediarios y litigantes, convierte los tribunales en su instrumento de abuso.
Martín, un hombre honrado, ha muerto. Un pleito
judicial destruyó sus proyectos y arruinó a su familia. Trabajó para asegurar
el futuro de los suyos. Vendió sus propiedades, compró un barco y lo preparó
para transportar mercancías al Brasil.
Pero, un conflicto judicial significó su mortal desgracia.
El culpable es el Picapleitos.
Fue sirviente de un abogado, agente de procurador, amanuense de escribano y portero
de un tribunal. Con los años aprendió todas las trampas del sistema para engañar
a los jueces mediante pequeñas maniobras, esconder documentos y expedientes, hacer
perder los plazos legales, cobrar dinero a los litigantes por encontrar papeles
que él mismo ocultaba, y proteger a delincuentes y perjudicar a quienes no le
pagaban, etc.
El relato forma parte de la segunda carta de las Cartas
Pehuenches, publicadas entre 1819 y 1820. Braulio Arenas lo rescató en 1978 y lo
consideró como el primer cuento chileno.

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