1.
Estado del arte
El monje le
preguntó al maestro Daiju.:
¿Son las
palabras el entendimiento?
Respuesta:
“No, las palabras son condiciones externas; no son el entendimiento”
Tai-Chu Huihai
Como lector noto que algunos
poemas perduran en mí, aunque muchas veces no sé por qué.
¿Por qué hay poemas
que arraigan? ¿Por qué hay versos que crecen?
Quizás estarán de acuerdo conmigo
que la crítica de
poesía raramente lo explica.
He llegado a la conclusión de que la crítica de la poesía casi no puede explicar mucho. Y así, parece que estamos mal cobijados por un árbol muerto del gusto estético poético. [1]
Al parecer, desde hace ya un tiempo, digamos, (quizás desde que se impusieron las teorías estructuralistas.[2]), la teorías literarias están inutilizadas, como tubérculos secos cruelmente desvastados en una tierra muerta [3].
La señora muerte se hizo presente un día en París. El 25 de febrero de 1980 el crítico literario, semiólogo y ensayista francés Roland Barthes (1915-1980) cruza la calle parisina Rue des Écoles, delante de la Sorbonna, donde hacía clases de semiología literaria. De improviso, aparece una furgoneta de una lavandería y pum, lo atropella[4]. El egocéntrico profesor Barthes cae. La ambulancia lo traslada al hospital. La muerte del autor ocurrió hace 32 años[5].
Sin embargo, pasaron lo años y pasaron los años, y quizás en el cementerio del pueblo de Urt, el cadáver de Barthes que descansa al lado de su madre, Henriette Binger, son sólo huesos helados en el polvo, quién lo sabe.
Pero, en las universidades la fraternidad académica siguió la sombra de Barthes y bajo esa sombra numeroso académicos siguieron haciendo karaoke, como un catarro, con viejos temas estructuralistas y sus operadores de textos, sus figuras de producción de pares (denotación/connotación, legible/escribible, fonema/grafemas, significantes/significados), es decir la moralidad del signo[6].
(Me quiere / No me quiere).
La literatura pensada bajo la tutela de la sombra de Barthes (Marx, Sartre, el texto, la semiología) [7].
La Ciencia de la Literatura, al igual que el estructuralismo, ya mitad del siglo XIX, con el surgimiento un cientificismo formal propugnó ser admitida en las universidades, para gozar del supuesto prestigio académico. Era un asunto de status de los críticos para ostentar el título de sabio. Pero, en resumen, no hacían otra cosa que compilación tuerta y catastro o tropel de los hechos literarios.[8]
El estructuralismo no fue cauto y se convirtió en el soflama obligado y las universidades, sin pudor y sin prudencia, se dejaron caer dulcemente y por décadas en la parda sombra de la sémola estructuralista francesa[9].
Así fue como, por largos inviernos, el estructuralismo radicó la enseñanza literaria en la lingüística, -desde donde procedía, o sea, en enervantes disposiciones de la oración y del sema. Y así, como una máquina moledora de carne, el estructuralismo destruyó la literatura, el lenguaje literario como posibilidad de innovación.
El Gulag estructuralista infectó el aire literario, con sus pretensiones de crear una ciencia literaria, casi esotérica, y que usa la literatura como un pretexto para desarrollar teorías semiológicas y lingüísticas, que llevan al suspiro oscurantista.
El estructuralismo alarmó a los jóvenes estudiantes con vocación literaria. También los libros escolares de nuestros hijos y nietos de hoy están llenos de “textos”, en los que no se habla de poesía, de cuentos o de novelas, se habla de textos o paratextos, y comparan una receta de cocina con un poema de Federico García Lora. Es el dominio de la literatura asocial [10].
Esta metodología dejó espacio a la manía de hablar de contenidos contextuales: y fortalecieron la corriente de los “Estudios Culturales”. Los estudios culturales no hablaron de poesía, hablaron de “contextos”. Para encausar su “discurso” se obligan a hablar del contexto, lo social. (En un cotilleo donde muchas veces hay que ser políticamente correcto).[11]
Hubo un intento de formar una “Teoría Literaria Latinoamericana”, con la fe o el dogma de que la literatura es "siempre" un reflejo de la "realidad".[12] A pesar que han habido algunas voces críticas[13], siguen predominando en América Latina.
Esta dificultad de la teoría amedrenta también a nuestros jóvenes lectores. No se explica la literatura, esa mentalidad no intuye relaciones, no jerarquiza, y reconoce, sin más, a todos los que escriben como poetas. No hablan de literatura o del gusto poético. Hablan de otra cosa, otra cosa que nunca se sabe que es.
Internacionalmente la teoría literaria está en coma, sus fragmentos se han amontonado sobre su tumba [14].
La crítica poética sufre de hipertrofia y produce artículos ilegibles, que muchas veces no podemos entender. Y no le interesa enfrentarse a los comentaristas de libros de la prensa, los reseñistas que muchos de ellos, están digitados por el mercado. [15]
Así, han influenciado a los antologadores , o la mayoría de los que hacen antologías, que inventan generaciones poéticas a partir de años de nacimientos de los poetas.[16]
Aplican una matemática básica para realizar sus listados de poetas: la vejez cronológica de los poetas (poetas nacidos en el 50, el 60, el 80, etc.) Así, los poetas se catalogan por su edad.
En eso derivó. En la producción de catálogos etarios. De ese modo se comunican noticias, nunca analizan la cualidad. Y de ese modo también, la mayoría de los antologadores sobre la poesía, fijan fechas límites, generalmente una década o 15 años, con eso creen que fundan un “corpus”, un “espíritu de época” poético, una “fractura poética”.
Las antologías ya no muestran voces distintivas, propias.
Ciertos antologadores derivan en algo curiosísimo: las antologías regionales o regionalistas, es decir, listas de poetas del espacio geográfico, o derivan en antologías étnicas, o poetas de género (antologías de mujeres o poesía gay).[17]
A esos listados o catastros funcionales de poetas lo llaman diversificación o democratización de la poesía.
Reducen la estética
a fechas de nacimiento, a biologías, a regiones geográficas, a etnias o a
géneros. Esas antologías, o listados de textos, ya no pueden ni desean
interpretar ni juzgar con coherencia el sistema literario contemporáneo. Le
temen valorizar, no se atreven a jerarquizar, no se atreven a hablar de modelos
poéticos. Prefieren hablar de “pluralidad de voces”. Así, el estructuralismo
dejó el paso al todo vale. No hay crítica. En ese mundo no hay poetas malos,
mejores y buenos.
Ante la ausencia de criterio jerárquico y de solidez poética se cae en el llamado populismo poético, de objetivos pequeños.
También, la llamada “escena poética”, o las “escenas poéticas”, la articulan nuevos sujetos, llamados “gestores culturales”, que en su mayoría no leen poesía, y que modulan ferias de libros o encuentros poéticos, con autores que “suenen”.
Pasaron los años desde que el profesor Barthes leyó mal un signo de tránsito y le pasó una camioneta por encima, una práctica fútil o privada, igual de ficticia, diría el mismo, pero que, sin embargo, lo mató.
A Barthes no les gustaba el estereotipo[18]. Era un tipo duro y honesto. Pero, gran sarcasmo: su estereotipo está generalizado, y se ha bastardeado su racionalismo y su tiranía de lógica fría y unilateral.
De ese modo, la educación literaria sufre de perplejidad, pues quedó atrapada en consideraciones lingüísticas, no literarias.[19] Los críticos han apuntado hacia la luna, pero se han quedado mirando el dedo.
La educación de la
poesía está en función de otras disciplinas, no de la obra poética misma.
Y, al final de ese túnel, hay un gran inmovilismo dominante, aburrido, alienante, estancado y sin imaginación.
Para enmendar esta debilidad se necesita una revolución crítica que remueva y jerarquice al interior de la poesía.
“El fuego debe estar dentro del árbol / para que el árbol pueda dar a luz.” (Khuong Viet)
Hay que demandar libertad imaginativa. Se necesita una visión desde el campo poético, desde el tiempo poético autónomo, no del tiempo cronológico, regional o etario, no de la mentalidad social o política utilitaria.
Se necesitan referentes y juicios desde dentro de la poesía, para que se produzca el asombro.
Con referentes y
juicios se puede valorar la belleza.
Y la belleza poética
es necesaria para el buen funcionamiento de todo, pues ayuda a construir
identidades, y a satisfacer necesidades espirituales profundas.
La idea de una sociedad en la que las únicas
consideraciones son las relaciones y los sentimientos que surgen del interés mercantil,
la servidumbre del dinero, es esencialmente repulsiva.
La poesía es un arte autónomo. La comprensión
de la poesía, exige una preparación de los jóvenes, una reeducación de los
profesores de poesía que cultiven en los estudiantes el placer de leer poesía.
Notas
[1] Peter Ackroyd. (1976) La lenta muerte de la critica literaria. “La crítica literaria —para referirnos al
ejemplo más importante pero menos discutido— está ahora casi paralizada;
esto no tiene que ver con los reseñistas, quienes realizan una función
pública necesaria y quienes, en cualquier caso, nunca aspirarían a las vertiginosas
alturas de “los críticos”. Me refiero a los críticos universitarios, los
cuales publican largos artículos en revistas arbitradas, escriben libros
sobre Henry James o Samuel Johnson y, en suma, están por encima de Grub Street
y sus alrededores. En diez años no han producido nada original. Aún no leo
a un crítico académico contemporáneo que escriba más inteligentemente, o
lea más cuidadosamente, que un buen reseñista. Aún tengo que conocer a
alguien que no sea un siervo voluntario de alguna de las modas ideológicas
que mantienen a la academia en la esclavitud.”
[2] Hace muchos años atrás, un joven chileno llamado
Roberto Hozven, mientras contempla la nieve que cae blandamente desde su
ventana que da al bulevar en París, fue sodomizado por Barthes, durante la realización
de su tesis doctoral. Sodomizar en el
mismo sentido que lo usa con gusto el
propio Hozven, es decir, la definición del filósofo Gilles Deleuze: “Me
imaginaba llegando a un autor por detrás y dejándole embarazado de una criatura
que, siendo suya, seria sin embargo monstruosa.”
(Gilles Deleuze, Conversaciones (1990). Traducción de José Luis Pardo.)
Y la criatura que nació de Hozven fue el libro que publicó en Chile el
año 1979, El estructuralismo literario francés (Roberto Hozven. 1979. El Estructuralismo
Literario Francés. Santiago de Chile. Editorial del Dpto de Estudios
Humanísticos. Facultad de Cs. Físicas y Matemáticas), libro
vedette que hechizó a los académicos de la Universidad Católica y que
fortaleció el estructuralismo académico que se venía fraguando desde hace
tiempo. Para explicarlo habría una rústica Tesis del Refugio (Vicente Bernaschina
Schürmann – Paulina Soto Riveros (2011)
Crítica literaria chilena actual: Un breve balance de las últimas
décadas. Crítica literaria chilena
actual. Breve historia de debates y polémicas: de la querella del criollismo
hasta el presente) : El asunto es muy curioso: los académicos debían refugiarse
del golpe militar en las universidades.
Por si acaso, es decir, por seguridad personal,
leían a Barthes en el casino de la Universidad: los milicos que
dominaban las universidades no entenderían.
[3] Harald Fricke,
Response: Theses on Literary Theory. In: JLTonline (20.03.2009)
[4] Alberto Bruzos, El hombre que atropelló a Roland Barthes,
(http://www.vlrom.be/pdf/053bruzos1.pdf)
[5] Roland Barthes, (1968) La Muerte del autor,
http://teorialiteraria2009.files.wordpress.com/2009/06/barthes-la-muerte-del-autor.pdf
[7] Roland Barhtes por Roland Barthes (1978),
Editorial Cairos, Barcelona.
[8] Ascensión Rivas Hernández. (2005)
De la poética a la teoría de la literatura: (una
introducción).
Ediciones Universidad de Salamanca.
[9] El profesor chileno Grinor Rojo en su libro “Diez tesis sobre la
crítica” (Lom, 2001) repasa y presenta con detalle todas las transiciones del estructuralismo al postestructuralismo y
la desaparición de la literatura como elemento autónomo. Reconoce la necesidad de reinstaurar la especificidad estética de la literatura. Pero,
su salida a la crisis la sustenta en
su tesis nr 2, donde propone “hablar de textos y discursos sin más”. Textos
inmersos en un discurso ideológico. Consciente del verdadero problema de la
valoración y la relevancia de la obra, el profesor Grinor Rojo dice: “las
palabras valor y selección cuentan hoy con escasos simpatizantes.” Consciente
de lo difícil del tema el profesor opta por una actitud ambigua, jabonosa,
gelatinosa de los “estudios culturales”.
[10]
Vicente Bernaschina Schürmann – Paulina Soto Riveros (2011) Crítica
literaria chilena actual: Un breve balance de las últimas décadas. Crítica literaria chilena actual. Breve
historia de debates y polémicas: de la querella del criollismo hasta el
presente.
[11] Roxana Patiño ( )Debates teóricos en torno a la literatura
latinoamericana: el surgimiento de un nuevo proyecto crítico (1975-1985). Universidad Nacional de Córdoba)
[12] Álvaro Sarco (2004) En torno a una Teoría Literaria
Latinoamericana. El Hablador nr 3.
Andrés López Velarde (2004) Teorías latinoamericanas de la literatura. El
Hablador nr 4.
[13] Debate iniciado por Nelson Osorio Tejeda (Nelson Osorio Tejeda (2006) Estudios
latinoamericanos y nueva dependencia cultural
(Apuntes para una discusión) . Y continuados por Sergio Mansilla Torres:
(Sergio Mansilla
Torres (2008) Teoría y
crítica de la literatura en el contexto de los estudios latinoamericanos
(Aportes para una discusión)
Alpha n.27 Osorno dic. 2008).
[14] In What Direction
is Literary Theory Evolving? In:
JLTonline (20.03.2009).
[15] En Chile, los
estructuralistas (o postestructuralistas, que no es lo mismo pero es peor), en
su afán de dar contexto y de combatir a los críticos impresionistas, (Hernán
Díaz Arrieta “Alone” e Ignacio Valente)
subordinaron la literatura a la estructura, a lo social, a las efemérides
históricas, y no colocan al poeta o la poesía en sí mismo, como un creador de
realidades a partir de sus influencias anteriores. (Vicente Bernaschina Schürmann – Paulina Soto
Riveros (2011) Humanismo autoritario: El castellano, idioma de la fe. Crítica
literaria chilena actual. Breve historia de debates y polémicas: de la querella
del criollismo hasta el presente).
[16] Las antologías etarias
se acumulan cada año: la antología de
Raúl Zurita (Raúl Zurita (2004). Cantares, nuevas voces de la poesía chilena. Lom
Ediciones; la antología de Andrés Morales sobre la
generación de los 80 (Andrés Morales (2010) "Antología Poética
de la Generación del 80". Editorial MAGO Editores. Santiago) y la
antología de Hernán Hernández Montesinos sobre Novísima poesía latinoamericana,
(Héctor Hernández Montecinos ()4M3R1C4 Novísima poesía
latinoamericana ) por nombrar
algunas.
[17] Como la antología de
Arturo Volantines (Arturo Volantines (ed.) (2002)- Poesía del Valle de Elqui,
2002 [Chile] Ediciones Universitarias. Universidad Católica del
Norte.). o derivan en antologías
étnicas (Florian Sedlmeier, Rereading Literary Form: Paratexts, Transpositions,
and Postethnic Literature around 2000. In: JLTonline (20.02.2012)), como la antología de Jaime Huenún y Víctor
Cifuentes Palacios (Jaime Luis Huenún, Victor Cifuentes Palacios. (2007) La memoria iluminada: poesía mapuche
contemporánea. Diputación Provincial de Málaga).
[18] Roland Barthes. (2001) La Torre Eiffel.
Textos sobre la imagen. Paidós Comunicación.
[19] Rosa Tabernero, José Domingo Dueñas
(2003) “ La adquisición de la competencia literaria: Una propuesta para
las aulas de Infantil y Primaria”. En A. Mendoza y P. Cerrillo (Coords.),
Intertextos: Aspectos sobre la recepción del discurso artístico.
Cuenca. Eds. Universidad Castilla-La
Mancha. 2003.

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