domingo, enero 04, 2026

I. Origen del Fuego. Placas de la Poesía. Estado del Arte. Por Pérez-Santiago. 2012.

 



 

 

1.     Estado del arte

 

El monje le preguntó al maestro Daiju.:

¿Son las palabras el entendimiento?

Respuesta: 

“No, las palabras son condiciones externas; no son el entendimiento”

Tai-Chu Huihai

 

Como lector noto que algunos poemas perduran en mí, aunque muchas veces no sé por qué.

¿Por qué hay poemas que arraigan? ¿Por qué hay versos que crecen?

Quizás estarán de acuerdo conmigo que la crítica de poesía raramente  lo explica.

 He llegado a la conclusión de que la crítica de la poesía casi no puede explicar mucho. Y así, parece que estamos mal cobijados por un árbol muerto del gusto estético poético. [1]

Al parecer, desde hace ya un tiempo, digamos, (quizás desde que se impusieron las teorías estructuralistas.[2]), la teorías literarias están inutilizadas, como tubérculos secos cruelmente desvastados en una tierra muerta [3].

 La señora muerte se hizo presente un día en París. El 25 de febrero de 1980 el crítico literario, semiólogo y ensayista francés Roland Barthes (1915-1980) cruza la calle  parisina Rue des Écoles, delante de la Sorbonna, donde hacía clases de semiología literaria.   De improviso, aparece una furgoneta de una lavandería y pum, lo atropella[4]. El egocéntrico profesor Barthes cae. La ambulancia lo traslada al hospital. La muerte del autor ocurrió hace 32 años[5].

 Sin embargo, pasaron lo años y pasaron los años,  y quizás en el cementerio del pueblo de Urt, el cadáver de Barthes que descansa al lado de su madre, Henriette Binger,  son sólo huesos helados en el polvo,  quién lo sabe.

 Pero, en las universidades la fraternidad académica siguió la sombra de Barthes y bajo esa sombra numeroso académicos siguieron haciendo karaoke, como un catarro, con viejos temas estructuralistas y sus operadores de textos, sus figuras de producción de pares (denotación/connotación, legible/escribible, fonema/grafemas, significantes/significados), es decir  la moralidad del signo[6].

(Me quiere / No me quiere).

La literatura pensada bajo la tutela de la sombra de Barthes (Marx, Sartre, el texto, la semiología) [7].

 La Ciencia de la Literatura, al igual que el estructuralismo, ya mitad del siglo XIX, con el surgimiento un cientificismo formal propugnó ser admitida en las universidades, para gozar del supuesto  prestigio académico. Era un asunto de status de los críticos para ostentar el título de sabio. Pero, en resumen, no hacían otra cosa que compilación tuerta y catastro o tropel de los hechos literarios.[8]

 El estructuralismo no fue cauto y se convirtió en el soflama obligado y las universidades, sin pudor y sin prudencia, se dejaron caer dulcemente y por décadas en la parda sombra de la sémola  estructuralista francesa[9].

 Así fue como, por largos inviernos, el estructuralismo radicó la enseñanza literaria en la lingüística, -desde donde procedía, o sea, en enervantes disposiciones de la oración y del sema.  Y así, como una máquina moledora de carne, el estructuralismo destruyó la literatura, el lenguaje literario como posibilidad de innovación.

El Gulag estructuralista infectó el aire literario, con sus pretensiones de crear una ciencia literaria, casi esotérica, y que usa la literatura como un pretexto para desarrollar teorías semiológicas y lingüísticas, que llevan al suspiro oscurantista.

 El estructuralismo alarmó a los jóvenes estudiantes con vocación literaria. También los libros  escolares de nuestros hijos y nietos de hoy están llenos de “textos”, en los que no se habla de poesía, de cuentos o de novelas, se habla de textos o paratextos, y comparan una receta de cocina con un poema de Federico García Lora.  Es el dominio de la literatura asocial [10].

 Esta metodología dejó espacio a  la manía de hablar de contenidos contextuales: y fortalecieron la corriente de los “Estudios Culturales”. Los estudios culturales no hablaron  de poesía, hablaron de “contextos”. Para encausar su “discurso” se obligan a hablar del contexto, lo social. (En un cotilleo donde muchas veces hay que ser políticamente correcto).[11] 

 Hubo un intento de formar una “Teoría Literaria Latinoamericana”, con la fe o el dogma de que la literatura es  "siempre" un reflejo de la "realidad".[12] A pesar que han habido algunas voces críticas[13], siguen predominando en América Latina.

 Esta dificultad de la teoría amedrenta también a nuestros jóvenes lectores. No se explica la literatura, esa mentalidad no intuye relaciones, no jerarquiza, y reconoce, sin más,  a todos los que escriben como poetas. No hablan de literatura o del gusto poético. Hablan de otra cosa, otra cosa que nunca se sabe que es.

Internacionalmente la teoría literaria está en coma, sus fragmentos se han amontonado sobre su tumba [14].

 La crítica poética sufre de hipertrofia y produce artículos ilegibles, que muchas veces  no podemos entender. Y no le interesa enfrentarse a los comentaristas  de libros de la prensa, los reseñistas que muchos de ellos, están digitados por el mercado. [15]

 Así, han influenciado a los antologadores , o la mayoría de los que hacen antologías, que inventan generaciones poéticas a partir de años de nacimientos de los poetas.[16]

 Aplican una matemática básica para realizar sus listados de poetas: la vejez cronológica de los poetas (poetas nacidos en el 50, el 60, el 80, etc.)  Así, los poetas se catalogan por su edad.

 En eso derivó. En la producción de catálogos etarios. De ese modo se comunican  noticias, nunca analizan la cualidad. Y de ese modo también, la mayoría de los antologadores sobre la poesía,  fijan fechas límites, generalmente una década o 15 años, con eso creen que fundan un “corpus”, un “espíritu de época” poético, una “fractura poética”. 

 Las antologías ya no muestran voces distintivas, propias.  

 Ciertos antologadores derivan en algo curiosísimo: las antologías regionales o regionalistas, es decir, listas de poetas del espacio geográfico, o derivan en antologías étnicas, o poetas de género (antologías de mujeres o poesía gay).[17]

 A esos listados o catastros funcionales de poetas lo llaman diversificación o democratización de la poesía.

Reducen la estética a fechas de nacimiento, a biologías, a regiones geográficas, a etnias o a géneros. Esas antologías, o listados de textos, ya no pueden ni desean interpretar ni juzgar con coherencia el sistema literario contemporáneo. Le temen valorizar, no se atreven a jerarquizar, no se atreven a hablar de modelos poéticos. Prefieren hablar de “pluralidad de voces”. Así, el estructuralismo dejó el paso al todo vale. No hay crítica. En ese mundo no hay poetas malos, mejores y buenos.

 Ante la ausencia de criterio jerárquico y de solidez poética se cae en el llamado populismo poético, de objetivos pequeños.

También, la llamada “escena poética”, o las “escenas poéticas”, la articulan  nuevos sujetos, llamados “gestores culturales”, que en su mayoría no leen poesía, y que modulan ferias de libros o encuentros poéticos, con autores que “suenen”.

 Pasaron los años desde que el profesor Barthes leyó mal un signo de tránsito y le pasó una camioneta por encima, una práctica fútil o privada, igual de ficticia, diría el mismo, pero que, sin embargo, lo mató.

 A Barthes no les gustaba el estereotipo[18]. Era un tipo duro y honesto. Pero, gran sarcasmo: su estereotipo está generalizado, y se ha bastardeado su racionalismo y su tiranía de lógica fría y unilateral.

 De ese modo, la educación literaria sufre de perplejidad, pues quedó atrapada en consideraciones lingüísticas, no literarias.[19] Los críticos han apuntado hacia la luna, pero se han quedado mirando el dedo.

La educación de la poesía está en función de otras disciplinas, no de la obra poética misma.

 Y, al final de ese túnel, hay un gran inmovilismo dominante, aburrido, alienante, estancado y sin imaginación.

 Para enmendar esta debilidad se necesita una revolución  crítica que remueva y jerarquice al interior de la poesía.

“El fuego debe estar dentro del árbol / para que el árbol pueda dar a luz.” (Khuong Viet)

 Hay que demandar libertad imaginativa. Se necesita una visión desde el campo poético, desde el tiempo poético autónomo, no del tiempo cronológico, regional o etario, no de la mentalidad social o política utilitaria.

 Se necesitan  referentes y  juicios desde dentro de la poesía, para que se produzca el asombro.

Con referentes y juicios se puede valorar la belleza.

Y la belleza poética es necesaria para el buen funcionamiento de todo, pues ayuda a construir identidades, y a satisfacer necesidades espirituales profundas.

La idea de una sociedad en la que las únicas consideraciones son las relaciones y los sentimientos que surgen del interés mercantil, la servidumbre del dinero, es esencialmente repulsiva.

La poesía es un arte autónomo. La comprensión de la poesía, exige una preparación de los jóvenes, una reeducación de los profesores de poesía que cultiven en los estudiantes el placer de leer poesía.

 


Notas



[1] Peter Ack­royd. (1976) La lenta muerte de la critica literaria.  “La crítica lit­er­aria —para referirnos al ejem­plo más impor­tante pero menos dis­cu­tido— está ahora casi par­al­izada; esto no tiene que ver con los reseñis­tas, quienes real­izan una fun­ción pública nece­saria y quienes, en cualquier caso, nunca aspi­rarían a las ver­tig­i­nosas alturas de “los críti­cos”. Me refiero a los críti­cos uni­ver­si­tar­ios, los cuales pub­li­can lar­gos artícu­los en revis­tas arbi­tradas, escriben libros sobre Henry James o Samuel John­son y, en suma, están por encima de Grub Street y sus alrede­dores. En diez años no han pro­ducido nada orig­i­nal. Aún no leo a un crítico académico con­tem­porá­neo que escriba más inteligen­te­mente, o lea más cuida­dosa­mente, que un buen reseñista. Aún tengo que cono­cer a alguien que no sea un siervo vol­un­tario de alguna de las modas ide­ológ­i­cas que mantienen a la acad­e­mia en la esclavitud.”

[2] Hace muchos años atrás, un joven chileno llamado Roberto Hozven, mientras contempla la nieve que cae blandamente desde su ventana que da al bulevar en París, fue sodomizado por Barthes, durante la realización de su tesis doctoral.  Sodomizar en el mismo sentido que  lo usa con gusto el propio Hozven, es decir, la definición del filósofo Gilles Deleuze: “Me imaginaba llegando a un autor por detrás y dejándole embarazado de una criatura que, siendo suya, seria sin embargo monstruosa.

(Gilles Deleuze, Conversaciones (1990). Traducción de José Luis Pardo.)

Y la criatura que nació de Hozven fue el libro que publicó en Chile el año 1979, El estructuralismo literario francés  (Roberto Hozven. 1979. El Estructuralismo Literario Francés. Santiago de Chile. Editorial del Dpto de Estudios Humanísticos. Facultad de Cs. Físicas y Matemáticas),  libro vedette que hechizó a los académicos de la Universidad Católica y que fortaleció el estructuralismo académico que se venía fraguando desde hace tiempo. Para explicarlo habría una rústica Tesis del Refugio (Vicente Bernaschina Schürmann – Paulina Soto Riveros (2011)  Crítica literaria chilena actual: Un breve balance de las últimas décadas.  Crítica literaria chilena actual. Breve historia de debates y polémicas: de la querella del criollismo hasta el presente) : El asunto es muy curioso: los académicos debían refugiarse del  golpe militar en las universidades. Por si acaso, es decir, por seguridad personal,  leían a Barthes en el casino de la Universidad: los milicos que dominaban las universidades no entenderían.

[3] Harald Fricke, Response: Theses on Literary Theory. In: JLTonline (20.03.2009)

[4] Alberto Bruzos, El hombre que atropelló a Roland Barthes, (http://www.vlrom.be/pdf/053bruzos1.pdf)

[5] Roland Barthes, (1968) La Muerte del autor, http://teorialiteraria2009.files.wordpress.com/2009/06/barthes-la-muerte-del-autor.pdf

[6] Roland Barthes, 1971. Elementos de Semiología. Alberto Corazón Editor. Madrid.

[7] Roland Barhtes por Roland Barthes (1978), Editorial Cairos, Barcelona.

[8] Ascensión Rivas Hernández. (2005) De la poética a la teoría de la literatura: (una introducción).

Ediciones Universidad de Salamanca.

[9] El profesor chileno Grinor Rojo en su libro “Diez tesis sobre la crítica” (Lom, 2001) repasa y presenta con detalle todas las transiciones  del estructuralismo al postestructuralismo y la desaparición de la literatura como elemento autónomo. Reconoce la necesidad de reinstaurar la especificidad estética de la literatura. Pero, su salida a la crisis la sustenta  en su tesis nr 2, donde propone “hablar de textos y discursos sin más”. Textos inmersos en un discurso ideológico. Consciente del verdadero problema de la valoración y la relevancia de la obra, el profesor Grinor Rojo dice: “las palabras valor y selección cuentan hoy con escasos simpatizantes.” Consciente de lo difícil del tema el profesor opta por una actitud ambigua, jabonosa, gelatinosa de los “estudios culturales”.

[10]  Vicente Bernaschina Schürmann – Paulina Soto Riveros (2011)  Crítica literaria chilena actual: Un breve balance de las últimas décadas.  Crítica literaria chilena actual. Breve historia de debates y polémicas: de la querella del criollismo hasta el presente.

[11] Roxana Patiño ( )Debates teóricos en torno a la literatura latinoamericana: el surgimiento de un nuevo proyecto crítico (1975-1985). Universidad Nacional de Córdoba)

[12] Álvaro Sarco  (2004) En torno a una Teoría Literaria Latinoamericana. El Hablador nr 3.

Andrés López Velarde (2004) Teorías latinoamericanas de la literatura. El Hablador nr 4.

[13] Debate iniciado por Nelson Osorio Tejeda (Nelson Osorio Tejeda (2006) Estudios latinoamericanos y nueva dependencia cultural  (Apuntes para una discusión) . Y continuados por Sergio Mansilla Torres:

(Sergio Mansilla Torres (2008) Teoría y crítica de la literatura en el contexto de los estudios latinoamericanos (Aportes para una discusión) Alpha  n.27 Osorno dic. 2008).

[14] In What Direction is Literary Theory Evolving? In: JLTonline (20.03.2009).

[15] En Chile, los estructuralistas (o postestructuralistas, que no es lo mismo pero es peor), en su afán de dar contexto y de combatir a los críticos impresionistas, (Hernán Díaz Arrieta  “Alone” e Ignacio Valente) subordinaron la literatura a la estructura, a lo social, a las efemérides históricas, y no colocan al poeta o la poesía en sí mismo, como un creador de realidades a partir de sus influencias anteriores.  (Vicente Bernaschina Schürmann – Paulina Soto Riveros (2011)  Humanismo autoritario: El castellano, idioma de la fe. Crítica literaria chilena actual. Breve historia de debates y polémicas: de la querella del criollismo hasta el presente).

[16] Las antologías etarias se acumulan cada año:  la antología de Raúl Zurita (Raúl Zurita (2004). Cantares, nuevas voces de la poesía chilena. Lom Ediciones;  la antología de Andrés Morales sobre la generación de los 80 (Andrés Morales (2010)  "Antología Poética de la Generación del 80". Editorial MAGO Editores. Santiago) y la antología de Hernán Hernández Montesinos sobre Novísima poesía latinoamericana, (Héctor Hernández Montecinos ()4M3R1C4 Novísima poesía latinoamericana ) por nombrar algunas.

[17] Como la antología de Arturo Volantines (Arturo Volantines (ed.) (2002)- Poesía del Valle de Elqui, 2002 [Chile] Ediciones Universitarias. Universidad Católica del Norte.). o derivan en antologías étnicas (Florian Sedlmeier, Rereading Literary Form: Paratexts, Transpositions, and Postethnic Literature around 2000. In: JLTonline (20.02.2012)), como la antología de Jaime Huenún y Víctor Cifuentes Palacios (Jaime Luis Huenún, Victor Cifuentes Palacios. (2007) La memoria iluminada: poesía mapuche contemporánea. Diputación Provincial de Málaga).

[18] Roland Barthes. (2001) La Torre Eiffel. Textos sobre la imagen. Paidós Comunicación.

[19] Rosa Tabernero, José Domingo Dueñas  (2003) “ La adquisición de la competencia literaria: Una propuesta para las aulas de Infantil y Primaria”. En A. Mendoza y P. Cerrillo (Coords.), Intertextos: Aspectos sobre la recepción del discurso artístico.

Cuenca. Eds. Universidad Castilla-La Mancha. 2003.









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