jueves, octubre 13, 2005

Discurso del Premio Nóbel Harold Pinter, Universidad de Turín


“Es un gran honor para mí recibir este reconocimiento por parte de esta gran Universidad. Este año padecí una grave operación de cáncer. La operación y sus efectos posteriores fueron algo así como una pesadilla. Me sentí incapaz de salir a flote, vagando bajo el agua en la profundidad oscura infinita del océano. Sin embargo, me encontré con que emerger desde una pesadilla personal fue entrar en una infinitamente más generalizada pesadilla pública: la pesadilla de la histeria, ignorancia, arrogancia, estupidez y beligerancia norteamericanas. La nación más poderosa del mundo ha sido siempre conocida, efectivamente, disputando una guerra contra el resto del mundo. “Si no estás con nosotros estás contra nosotros”, ha dicho el presidente Bush. También dijo que “no vamos a permitir que las peores armas del mundo permanezcan en manos de los peores líderes del mundo”. Y con razón. Mírate en el espejo, colega. Eso eres tú.
Estados Unidos está desarrollando en estos momentos sistemas avanzados de “armas de destrucción masivas” y se prepara para usarlas cuando lo considere oportuno. Posee más que todo el resto del mundo junto. Se ha alejado de los acuerdos internacionales sobre armas químicas y biológicas, negándose a permitir cualquier inspección de sus propias factorías. La hipocresía que hay detrás de sus declaraciones públicas y de sus propias acciones es casi un chiste. Los Estados Unidos creen que los tres mil muertos en Nueva Cork son los únicos muertos que cuentan, los únicos muertos que importan. Son muertos norteamericanos. Las otras muertes son irreales, abstractas, sin consecuencias. Nunca ha habido referencias a los tres mil muertos en Afganistán. Los cientos de miles de niños iraquíes muertos a partir de las sanciones inglesas y norteamericanas que les han privado de medicinas esenciales tampoco son nombrados. Los efectos del uranio empobrecido, usado por Norteamérica en la guerra del golfo, no se mencionan. Los niveles de radiactividad en Irak son asombrosamente altos. Los bebés nacen sin cerebro, sin ojos, sin genitales. Cuando tienen orejas, bocas o rectos, todo lo que sale de esos orificios es sangre. No se ha hecho referencia a los doscientos mil muertos en Timor este en 1975, provocados por el gobierno indonesio inspirado y apoyado por los Estados Unidos. Tampoco al medio millón de muertos en Guatemala, Chile, El Salvador, Nicaragua, Uruguay, Argentina y Haiti en acciones apoyadas y subvencionadas por los Estados Unidos. De los millones de muertos en Vietnam, Laos y Camboya ya no se habla más. La penosa y desesperada situación del pueblo palestino, un factor esencial en el desequilibrio mundial, apenas es referida.
¡Qué juicio equivocado, que mala interpretación de la historia es todo esto!
La gente no olvida. No olvidan la muerte de sus amigos, no olvidan la tortura y la mutilación, no olvidan la injusticia, no olvidan la opresión, no olvidan el terrorismo de los poderosos. Pero no solamente no lo olvidan: lo padecen de nuevo. La atrocidad de Nueva Cork fue predecible y evitable. Fue un acto de represalia contra las constantes y sistemáticas manifestaciones de terrorismo de estado por parte de los Estados Unidos durante muchos años en todos los rincones del mundo. En Gran Bretaña la gente está siendo ahora advertida para estar “alerta” en prevención de potenciales actos terroristas. La expresión resulta en sí misma descabellada.
¿Cómo puede ser encarnada en realidad la “alerta pública”? ¿Llevando un pañuelo sobre tu boca para defenderte de gases venenosos? Sin embargo los ataques terroristas son bastante probables, el resultado inevitable de la despreciable y vergonzosa sumisión de nuestro primer ministro a los Estados Unidos. Parece ser que un ataque terrorista con gases venenosos en el metro de Londres fue evitado recientemente. Pero puede tener lugar de hecho. Miles de escolares viajan en el metro cada día. Si se produce un ataque con gas venenoso y mueren, la responsabilidad caerá totalmente sobre las espaldas de nuestro primer ministro. No es necesario señalar que él no viaja en metro.
La Guerra planificada contra Irak es de hecho un plan para el asesinato premeditado de miles de civiles para, aparentemente, rescatarles de su dictador. Los Estados Unidos y Gran Bretaña siguen una carrera que puede llevar únicamente a una escalada de violencia a nivel mundial y, finalmente, a la catástrofe. Es obvio, no obstante, que Estados Unidos revienta de ganas de atacar a Irak. Creo que lo hará, no sólo para controlar el petróleo iraquí, sino porque la administración norteamericana es ahora un animal salvaje sediento de sangre. Las bombas son su único vocabulario. Muchos americanos, los sabemos, está horrorizados ante la postura de su gobierno, pero esto parece ser inútil. Al menos que Europa encuentre la solidaridad, la inteligencia y la valentía como para enfrentarse y resistir al poder de Estados Unidos, Europa misma merecerá la definición de Alexander Herzen (como citó el periódico “The Guardian” en Londres recientemente): “Nosotros no somos los médicos. Somos la enfermedad”.
Discurso del dramaturgo inglés Harold Pinter como doctor honoris causa por la Universidad de Turín
27 de Noviembre de 2002

1 comentario:

  1. Anónimo11:06 a.m.

    Mario Andrade, veterano de la guerra del golfo, hombre cabal, amigo de España

    ResponderEliminar